Subimos sin prisa y nos sentamos cerca de la ventanilla abierta. Un señor mayor contó, en voz baja, cómo reparaba redes de pesca en su juventud. Bajamos dos paradas antes solo para seguir escuchándolo. Aprendimos tres palabras nuevas, una receta de caldo verde y el secreto para cuidar zapatos mojados. Nada de eso estaba en la guía, pero todo eso permanece, todavía, cuando llega la lluvia y la ciudad huele a río.
Subimos sin prisa y nos sentamos cerca de la ventanilla abierta. Un señor mayor contó, en voz baja, cómo reparaba redes de pesca en su juventud. Bajamos dos paradas antes solo para seguir escuchándolo. Aprendimos tres palabras nuevas, una receta de caldo verde y el secreto para cuidar zapatos mojados. Nada de eso estaba en la guía, pero todo eso permanece, todavía, cuando llega la lluvia y la ciudad huele a río.
Subimos sin prisa y nos sentamos cerca de la ventanilla abierta. Un señor mayor contó, en voz baja, cómo reparaba redes de pesca en su juventud. Bajamos dos paradas antes solo para seguir escuchándolo. Aprendimos tres palabras nuevas, una receta de caldo verde y el secreto para cuidar zapatos mojados. Nada de eso estaba en la guía, pero todo eso permanece, todavía, cuando llega la lluvia y la ciudad huele a río.
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